Gracias por estar.
Stanley Kubrick era un director atípico. Los guiones de sus películas no son magistrales y sus personajes no logran emocionar (y eso que presionaba a los actores hasta el límite de sus fuerzas). Sin embargo, es uno de los mejores directores de la historia. Tiene un “algo” que no sé definir; una capacidad para convertir una historia corriente en pura magia.
Es lo que sucede en 2001: A Space Odyssey. No es una película de ciencia ficción al uso y, tal vez por eso mismo, se ha convertido en un símbolo. Ha pasado medio siglo desde su rodaje y su fuerza sigue vigente. Sus planteamientos filosóficos, el uso de la música, los efectos especiales (que tan mal suelen envejecer)… Ninguno de sus elementos ha perdido un ápice de actualidad.

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